Ultimas noticias!
Sigo vivo! que conste... He estado ocupado estos días... semanas... pero hoy vuelvo! Ya he empezado a escribir mi próximo relato, que será nuevo, no ninguna segunda parte. Pero primero tengo que escribir una cosa que no subiré ya que será para un regalo, que espero que no este leyendo esto a quien se lo voy a dar, que para algo he quitado el link del tuenti...Cuando termine, tengo que escribir una opinión sobre una pelicula para una revista: "Los Juegos del Hambre" Eso si lo subiré, y luego ya, hecho todo eso... Terminaré el relato que se llamará, si no cambio de opinión, "La chica atea".
Pues... eso ha sido to-todo amigos!
Rebélate contra las injusticias, contra los amantes de la literatura que mueren en el intento, contra todos aquellos que reniegan de este arte. Adéntrate en el Arcón de los Sueños... y disfruta.
"En la lucha contra la realidad, el hombre tiene solo un arma: la imaginación."
Sherlock Holmes y el caso de la espada
Watson estaba en la escena del crimen, hacía unas horas le habían informado de que acababan de asesinar, nada menos que a la Reina de Corazones, muy cerca de un bosque llamado Turgal.
Watson esperaba impaciente la llegada de Sherlock, su inseparable compañero de fatigas. Este estaba ocupado investigando un segundo caso, o eso le dijo a Lestrade cuando le preguntó por él, en realidad se había quedado dormido.
Cuando Holmes llegó, la escena no era menos pintoresca que cuando llego Watson junto al inspector y los criminólogos. La pobre Reina estaba tumbada boca arriba vestida con su traje de corazones, pero este estaba lleno de sangre. Una gran espada sobresalía de su espalda a la altura de los omóplatos. Nada más entrar, el inspector Lestrade le asaltó.
-¿Qué tal lleva su otra investigación, detective?
-Mi… mi otra investigación…-dijo mirando a Watson que le hizo una seña llevándose la mano al puente de la nariz.- Oh! Si, mi otra investigación va bastante bien. Aunque creo que podré ocuparme de las dos si es necesario.
-Me alegro, porque esta se presenta bastante completita.
-Déjame ver…-le dijo mientras se agachaba.
Al examinar a la victima se percató de varias cosas…
-El asesino era conocido por la víctima, ni su vestido ni sus extremidades demuestran ningún tipo de lucha defensiva. ¿Tiene algún sospechoso?-pregunto Holmes
-No, no han dejado ninguna huella y todos sus conocidos tienen coartada.
-Vaya, vaya… Alguien miente…-farfulló mientras seguía buscando pistas.-¿Qué se sabe del arma homicida?
-Una antigua espada que pertenece a Godric Griffindor, ya he hecho llamarle-le explicó Lestrade.
-¿Llamarle?-se preguntó Watson- Pero si murió hace años…Habría que llamar a su actual dueño, un tal Harry.
-Eh… Lo… lo haré llamar.- titubeó el inspector.
-Y también a sus amigos cercanos- añadió Holmes- me gustaría volver a interrogarlos.
Dos horas después Watson, Lestrade y Holmes se encontraban en la sala con uno de los cuatro sospechosos del asesinato de la Reina. Se llamaba Harry Potter y era el actual dueño del arma homicida.
-Usted es Harry Potter, ¿verdad?-preguntó Lestrade con aires importantes.
-Si, Señor.-le respondió Harry.
-Se le a relacionado directamente con la victima a través de este arma-dijo Lestrade sacando la espada llena de sangre metida en una bolsa de plástico transparente.
-Esa espada no es mía, es de Longbotton. Se la di al terminar el asedio de Hogwart, en el cual no vi ninguno de tus agentes.
-¿De qué conocías a la victima?-siguió Lestrade ignorando el comentario.
-De nada, es la primera vez que la veo-dijo Harry con un tono ligeramente alterado. Algo que no pasaron por alto ni Watson ni Holmes.
-¿Estás seguro?-le pregunto Watson, más impetuoso que Holmes.
-Si, bastante.-respondió rápidamente Harry dándose cuenta de su error.
Lestrade reaccionó rápidamente al darse cuenta el también.
-Si no nos dices la verdad, llamaremos a tus padres.
Watson y Holmes le miraron rápidamente con cara de espanto.
-¡Quiero un abogado!, me niego a hablar con este tipo.-les soltó enfadado.
-Ya puedes irte, Harry, pero no te vayas de la ciudad, es probable que te volvamos a llamar.
-De acuerdo-les dijo a regañadientes.
Unos minutos después se encontraban delante del Sr. Conejo.
-Buenosdías, muchachos-les saludó Conejo
-Buenosdías-le respondieron estos.
-Supongo que sabe porque le hemos hecho llamar.-le dijo Holmes
-Si, ha sido una pena la muerte de la Reina-dijo apenado.
-¿Dónde se encontraba cuando sucedió?-le preguntó Lestrade.
-Estaba en mi madriguera tomando un te con Alicia.
-¿De que conocías a la victima?-Siguió preguntando.
-En realidad no de mucho, era Alicia la que solía estar con ella, casi no hablábamos.
-¿Has visto alguna vez esto?-dijo Lestrade sacando el arma homicida.
-No, nunca.
-De acuerdo, puede irse pero recuerde no alejarse demasiado. Volveremos a llamarle.
Tras unos segundos de espera, Alicia entró en la sala. Se la veía muy nerviosa.
-Buenosdías-le saludo cordialmente Watson.
-Bue... Buenosdías. -respondió Alicia
-¿Qué tal todo Alicia?-le pregunto Watson intentando tranquilizarla.
-Bie… Bien-le dijo y empezó sollozar- les prometo que yo no he sido.
-Tranquila, tranquila-le dijo Holmes-¿Dónde estabas cuando ocurrió todo?
-Es… Estaba con el, el Señor Conejo…
-¿Y que hacíais?
-To…tomábamos café.
-Café… o té…-pensó Holmes. Algo no cuadraba.
-¿De que conocías a la victima?
-Me invito a su castillo, hace mucho. He hicimos amistad-dijo más tranquila.
-¿Y al señor conejo?
-Al…al señor Conejo, lo conocí la primera vez que fui al Pais de las maravillas, fue mi guía.
-Bien, muchas gracias, puede irse Señorita.
Alicia salió de la sala con paso ligero, y nada más cerrar la puerta los detectives empezaron ha compartir opiniones.
-Y bien, ¿que pensáis?-pregunto Holmes.
-Pienso que ha sido Harry, utilizó la excusa de sus padres para largarse sin terminar el interrogatorio. Tiene acceso a la espada.-dijo Lestrade.
-Discrepo, Harry no tenía motivos, pienso que ha podido ser Alicia.-compartió Watson
-¿La pobre chica? Lo dudo -respondió Lestrade
-No lo descartes, pero yo esperaría a interrogar al Sr. Longbotton y de nuevo a Harry.
-Si, creo que será lo más acertado-le apoyó Watson.
-Como queráis- les dijo Lestrade
A la mañana siguiente se reunieron otra vez en la misma sala.
-Buenosdías, a todos.-dijo uno.
-Igualmente-respondieron los otros dos.
Lestrade salió y pidió a Longbotton que entrara. Este entró con una bolsa de deporte que dejó a sus pies al sentarse. Después de saludarse adecuadamente le preguntó Lestrade.
-¿Conoces el motivo por el que te hemos hecho venir?
-Si, desgraciadamente si.
-¿Conoces esa espada?-preguntó señalando a la espada que estaba encima de la mesa
-Si es la espada de Griffindor, sin embargo no es la verdadera, la verdadera la tengo yo-les dijo abriendo la bolsa de deporte y sacando una espada exactamente igual a la que había dentro de la bolsa de plástico.
-Sorprendente…¿Sabes que hace esa falsa espada ahí?-le preguntó Holmes
-No, sin embargo se de quien es.
-¿De quien?- le increpó Lestrade
-De Harry, hicimos una imitación para que el también la tuviese.
Lestrade miro a Holmes y después a Watson con aires de triunfo.
-¿Dónde estabas a la hora del crimen?-siguió preguntando Watson.
-En Hogwarts, exactamente en la casa común de Griffindor. El retrato guardián puede demostrarlo.
-Bien muchas gracias, puedes marcharte.
-Gracias a vosotros, espero que encuentren al asesino.
-Eso haremos-le aseguraron. Lestrade acompañó a Longbotton y se quedo fuera mientras Harry entraba.
-Bienvenido de nuevo- le dijo Holmes a Harry
-Gracias
-Harry, ¿esta espada es la verdadera?
-¿Por qué debería de saberlo?
-Por que es tuya-le aclaró Watson
-¿Mia? ¡No! La mia la tiene el Sr. Conejo
-¿el señor conejo? ¿De que lo conoces?
-Lo conocí en el entierro de mi padrino Sirius. Y se interesó mucho por ella, así que se la pedí a Longbottom para hacer una copia, la cual entregué al señor Conejo.
-Comprendo-dijo ligeramente contrariado Lestrade.
-Puede marcharse.
-Gracias
Después hicieron un descanso para ir a comer.
-¿Quien creéis que ha sido?-preguntó Holmes
- ¡El conejo! El tenía la espada, y pudo matarla por que en el fondo la odiaba- le respondió Lestrade .
-Sin embargo tiene una cuartada sólida…-pensó en voz alta Watson
-No se si os disteis cuenta de que Alicia dijo que fueron a tomar un café y el dijo un té…-siguió Holmes.
-Pudo ser simplemente porque ella tomó café y el té.-les dijo Watson
-Si puede ser eso…-dijo no muy convencido Holmes
-Estoy seguro de que es él-insistio Lestrade
-Debemos interrogar de nuevo al Sr. Conejo.-propuso Watson.
Una hora después estaban de nuevo en la sala junto al Sr Conejo. Despues de los saludos empezó de nuevo el interrogatorio.
-Nuevas informaciones nos hacen pensar que el arma del crimen era tuya.-empezó Lestrade
-¿Mia? No creo.
-El señor Harry ha dejado claro que te la prestó.-le acusó Watson
-Sí, pero no es mía es suya. Además me la robaron, no sé quien era.
-¿Puedes describirlo?
-Si, fue un chaval moreno y con cara de panoli.
-Espere un momento-le dijo Holmes y fue a buscar a Longbotton.
Cinco minutos más tarde llego Sherlock con Longbotton.
-¿Es este? –preguntó
-¡Si! Es él.-
Nada más terminar la frase Longbotton se zafó de Holmes y salió huyendo.
-¡Maldita sea!- gritó
Holmes se lanzó a su persecución junto con Watson. Entre los dos consiguieron cerrarle el paso y esposarle.
-Juro que yo no fui, fue la chica y el conejo, ellos me obligaron -gritó.
Watson buscó al señor conejo, pero ya no estaba. Alicia llevaba un rato sentada fuera. Al verlos, salió corriendo de la comisaría imaginándose que Longbotton se había chivado. Sherlock y Watson la persiguieron. Al girar la esquina la perdieron de vista, pero Watson, al llegar a esta, vio de reojo un ligero movimiento en un callejón que había detrás de la comisaría y salió corriendo tras ella. Alicia con un rápido movimiento de parkour saltó un muro que se encontraba en su camino pero Watson tras intentarlo repetidamente se rindió, nunca conseguiría saltarlo. Alicia ya se creía libre cuando al girar la esquina se dio de bruces con Holmes que intentó agarrarla, pero nuevamente se escapó. Holmes la siguió pero ella sacó un pequeño revolver y disparó hacia él con tan buena puntería con para acertarle en un rodilla impidiendo su persecución. Alicia siguió corriendo, pero se encontró con el Señor Conejo apuntándola con una recortada.
-¡No te muevas! Tira el arma y no te muevas, ¡en nombre de la Reina!
-¡Eras tú! Maldito traidor...pero ya no puedes hacer nada por tu querida Reina.
El Señor Conejo la apresó y esperó a que llegasen los detectives.
Dos días después, Holmes entregó el informe al inspector Lestrade. En este ponía todo con grandes detalles, especificando la razón:
La víctima fue asesinada por Alicia Sunderland la cual pertenecía a un grupo de resistencia anti-monárquico que intentaba derrocar a La Reina de Corazones. A este grupo pertenecían tanto Alicia y Longbotton como el Conejo, sin embargo este último era un infiltrado al servicio de la Reina que velaba porque todos sus misiones fallaran. Lamentablemente el asesinato de la Reina no pudo evitarse, Alicia sospechaba de un infiltrado y dio muy pocos detalles ocupándose ella misma de la operación "Jaque Mate".
Watson esperaba impaciente la llegada de Sherlock, su inseparable compañero de fatigas. Este estaba ocupado investigando un segundo caso, o eso le dijo a Lestrade cuando le preguntó por él, en realidad se había quedado dormido.
Cuando Holmes llegó, la escena no era menos pintoresca que cuando llego Watson junto al inspector y los criminólogos. La pobre Reina estaba tumbada boca arriba vestida con su traje de corazones, pero este estaba lleno de sangre. Una gran espada sobresalía de su espalda a la altura de los omóplatos. Nada más entrar, el inspector Lestrade le asaltó.
-¿Qué tal lleva su otra investigación, detective?
-Mi… mi otra investigación…-dijo mirando a Watson que le hizo una seña llevándose la mano al puente de la nariz.- Oh! Si, mi otra investigación va bastante bien. Aunque creo que podré ocuparme de las dos si es necesario.
-Me alegro, porque esta se presenta bastante completita.
-Déjame ver…-le dijo mientras se agachaba.
Al examinar a la victima se percató de varias cosas…
-El asesino era conocido por la víctima, ni su vestido ni sus extremidades demuestran ningún tipo de lucha defensiva. ¿Tiene algún sospechoso?-pregunto Holmes
-No, no han dejado ninguna huella y todos sus conocidos tienen coartada.
-Vaya, vaya… Alguien miente…-farfulló mientras seguía buscando pistas.-¿Qué se sabe del arma homicida?
-Una antigua espada que pertenece a Godric Griffindor, ya he hecho llamarle-le explicó Lestrade.
-¿Llamarle?-se preguntó Watson- Pero si murió hace años…Habría que llamar a su actual dueño, un tal Harry.
-Eh… Lo… lo haré llamar.- titubeó el inspector.
-Y también a sus amigos cercanos- añadió Holmes- me gustaría volver a interrogarlos.
Dos horas después Watson, Lestrade y Holmes se encontraban en la sala con uno de los cuatro sospechosos del asesinato de la Reina. Se llamaba Harry Potter y era el actual dueño del arma homicida.
-Usted es Harry Potter, ¿verdad?-preguntó Lestrade con aires importantes.
-Si, Señor.-le respondió Harry.
-Se le a relacionado directamente con la victima a través de este arma-dijo Lestrade sacando la espada llena de sangre metida en una bolsa de plástico transparente.
-Esa espada no es mía, es de Longbotton. Se la di al terminar el asedio de Hogwart, en el cual no vi ninguno de tus agentes.
-¿De qué conocías a la victima?-siguió Lestrade ignorando el comentario.
-De nada, es la primera vez que la veo-dijo Harry con un tono ligeramente alterado. Algo que no pasaron por alto ni Watson ni Holmes.
-¿Estás seguro?-le pregunto Watson, más impetuoso que Holmes.
-Si, bastante.-respondió rápidamente Harry dándose cuenta de su error.
Lestrade reaccionó rápidamente al darse cuenta el también.
-Si no nos dices la verdad, llamaremos a tus padres.
Watson y Holmes le miraron rápidamente con cara de espanto.
-¡Quiero un abogado!, me niego a hablar con este tipo.-les soltó enfadado.
-Ya puedes irte, Harry, pero no te vayas de la ciudad, es probable que te volvamos a llamar.
-De acuerdo-les dijo a regañadientes.
Unos minutos después se encontraban delante del Sr. Conejo.
-Buenosdías, muchachos-les saludó Conejo
-Buenosdías-le respondieron estos.
-Supongo que sabe porque le hemos hecho llamar.-le dijo Holmes
-Si, ha sido una pena la muerte de la Reina-dijo apenado.
-¿Dónde se encontraba cuando sucedió?-le preguntó Lestrade.
-Estaba en mi madriguera tomando un te con Alicia.
-¿De que conocías a la victima?-Siguió preguntando.
-En realidad no de mucho, era Alicia la que solía estar con ella, casi no hablábamos.
-¿Has visto alguna vez esto?-dijo Lestrade sacando el arma homicida.
-No, nunca.
-De acuerdo, puede irse pero recuerde no alejarse demasiado. Volveremos a llamarle.
Tras unos segundos de espera, Alicia entró en la sala. Se la veía muy nerviosa.
-Buenosdías-le saludo cordialmente Watson.
-Bue... Buenosdías. -respondió Alicia
-¿Qué tal todo Alicia?-le pregunto Watson intentando tranquilizarla.
-Bie… Bien-le dijo y empezó sollozar- les prometo que yo no he sido.
-Tranquila, tranquila-le dijo Holmes-¿Dónde estabas cuando ocurrió todo?
-Es… Estaba con el, el Señor Conejo…
-¿Y que hacíais?
-To…tomábamos café.
-Café… o té…-pensó Holmes. Algo no cuadraba.
-¿De que conocías a la victima?
-Me invito a su castillo, hace mucho. He hicimos amistad-dijo más tranquila.
-¿Y al señor conejo?
-Al…al señor Conejo, lo conocí la primera vez que fui al Pais de las maravillas, fue mi guía.
-Bien, muchas gracias, puede irse Señorita.
Alicia salió de la sala con paso ligero, y nada más cerrar la puerta los detectives empezaron ha compartir opiniones.
-Y bien, ¿que pensáis?-pregunto Holmes.
-Pienso que ha sido Harry, utilizó la excusa de sus padres para largarse sin terminar el interrogatorio. Tiene acceso a la espada.-dijo Lestrade.
-Discrepo, Harry no tenía motivos, pienso que ha podido ser Alicia.-compartió Watson
-¿La pobre chica? Lo dudo -respondió Lestrade
-No lo descartes, pero yo esperaría a interrogar al Sr. Longbotton y de nuevo a Harry.
-Si, creo que será lo más acertado-le apoyó Watson.
-Como queráis- les dijo Lestrade
A la mañana siguiente se reunieron otra vez en la misma sala.
-Buenosdías, a todos.-dijo uno.
-Igualmente-respondieron los otros dos.
Lestrade salió y pidió a Longbotton que entrara. Este entró con una bolsa de deporte que dejó a sus pies al sentarse. Después de saludarse adecuadamente le preguntó Lestrade.
-¿Conoces el motivo por el que te hemos hecho venir?
-Si, desgraciadamente si.
-¿Conoces esa espada?-preguntó señalando a la espada que estaba encima de la mesa
-Si es la espada de Griffindor, sin embargo no es la verdadera, la verdadera la tengo yo-les dijo abriendo la bolsa de deporte y sacando una espada exactamente igual a la que había dentro de la bolsa de plástico.
-Sorprendente…¿Sabes que hace esa falsa espada ahí?-le preguntó Holmes
-No, sin embargo se de quien es.
-¿De quien?- le increpó Lestrade
-De Harry, hicimos una imitación para que el también la tuviese.
Lestrade miro a Holmes y después a Watson con aires de triunfo.
-¿Dónde estabas a la hora del crimen?-siguió preguntando Watson.
-En Hogwarts, exactamente en la casa común de Griffindor. El retrato guardián puede demostrarlo.
-Bien muchas gracias, puedes marcharte.
-Gracias a vosotros, espero que encuentren al asesino.
-Eso haremos-le aseguraron. Lestrade acompañó a Longbotton y se quedo fuera mientras Harry entraba.
-Bienvenido de nuevo- le dijo Holmes a Harry
-Gracias
-Harry, ¿esta espada es la verdadera?
-¿Por qué debería de saberlo?
-Por que es tuya-le aclaró Watson
-¿Mia? ¡No! La mia la tiene el Sr. Conejo
-¿el señor conejo? ¿De que lo conoces?
-Lo conocí en el entierro de mi padrino Sirius. Y se interesó mucho por ella, así que se la pedí a Longbottom para hacer una copia, la cual entregué al señor Conejo.
-Comprendo-dijo ligeramente contrariado Lestrade.
-Puede marcharse.
-Gracias
Después hicieron un descanso para ir a comer.
-¿Quien creéis que ha sido?-preguntó Holmes
- ¡El conejo! El tenía la espada, y pudo matarla por que en el fondo la odiaba- le respondió Lestrade .
-Sin embargo tiene una cuartada sólida…-pensó en voz alta Watson
-No se si os disteis cuenta de que Alicia dijo que fueron a tomar un café y el dijo un té…-siguió Holmes.
-Pudo ser simplemente porque ella tomó café y el té.-les dijo Watson
-Si puede ser eso…-dijo no muy convencido Holmes
-Estoy seguro de que es él-insistio Lestrade
-Debemos interrogar de nuevo al Sr. Conejo.-propuso Watson.
Una hora después estaban de nuevo en la sala junto al Sr Conejo. Despues de los saludos empezó de nuevo el interrogatorio.
-Nuevas informaciones nos hacen pensar que el arma del crimen era tuya.-empezó Lestrade
-¿Mia? No creo.
-El señor Harry ha dejado claro que te la prestó.-le acusó Watson
-Sí, pero no es mía es suya. Además me la robaron, no sé quien era.
-¿Puedes describirlo?
-Si, fue un chaval moreno y con cara de panoli.
-Espere un momento-le dijo Holmes y fue a buscar a Longbotton.
Cinco minutos más tarde llego Sherlock con Longbotton.
-¿Es este? –preguntó
-¡Si! Es él.-
Nada más terminar la frase Longbotton se zafó de Holmes y salió huyendo.
-¡Maldita sea!- gritó
Holmes se lanzó a su persecución junto con Watson. Entre los dos consiguieron cerrarle el paso y esposarle.
-Juro que yo no fui, fue la chica y el conejo, ellos me obligaron -gritó.
Watson buscó al señor conejo, pero ya no estaba. Alicia llevaba un rato sentada fuera. Al verlos, salió corriendo de la comisaría imaginándose que Longbotton se había chivado. Sherlock y Watson la persiguieron. Al girar la esquina la perdieron de vista, pero Watson, al llegar a esta, vio de reojo un ligero movimiento en un callejón que había detrás de la comisaría y salió corriendo tras ella. Alicia con un rápido movimiento de parkour saltó un muro que se encontraba en su camino pero Watson tras intentarlo repetidamente se rindió, nunca conseguiría saltarlo. Alicia ya se creía libre cuando al girar la esquina se dio de bruces con Holmes que intentó agarrarla, pero nuevamente se escapó. Holmes la siguió pero ella sacó un pequeño revolver y disparó hacia él con tan buena puntería con para acertarle en un rodilla impidiendo su persecución. Alicia siguió corriendo, pero se encontró con el Señor Conejo apuntándola con una recortada.
-¡No te muevas! Tira el arma y no te muevas, ¡en nombre de la Reina!
-¡Eras tú! Maldito traidor...pero ya no puedes hacer nada por tu querida Reina.
El Señor Conejo la apresó y esperó a que llegasen los detectives.
Dos días después, Holmes entregó el informe al inspector Lestrade. En este ponía todo con grandes detalles, especificando la razón:
La víctima fue asesinada por Alicia Sunderland la cual pertenecía a un grupo de resistencia anti-monárquico que intentaba derrocar a La Reina de Corazones. A este grupo pertenecían tanto Alicia y Longbotton como el Conejo, sin embargo este último era un infiltrado al servicio de la Reina que velaba porque todos sus misiones fallaran. Lamentablemente el asesinato de la Reina no pudo evitarse, Alicia sospechaba de un infiltrado y dio muy pocos detalles ocupándose ella misma de la operación "Jaque Mate".
La niebla no es el peligro, el peligro es la gente que hay en ella.
La niebla le rodeaba, ya era noche entrada. Sus convers negras rozaban el asfalto mojado mientras se dirigía a su casa. Hacía solo unos minutos había estaba rodeado de gente, lo cual no le gustaba en demasía, pero ahora rodeado de niebla solo se veía la sombra de algún transeúnte que de vez en cuando cruzaba una calle.
Su cazadora negra le protegía del frió aire, al contrario que sus vaqueros "pitillo". El chaval andaba de forma despreocupada, como si que fuera de noche y la niebla no le amedrentase sino que le diese una confianza mayor, aunque probablemente solo sería fachada, ya que sus manos se retorcían nerviosas en los bolsillos de cazadora. Iba concentrado en sus pensamientos, venía de una celebración que solía hacerse en su colegio todos los años por esas fechas y en ella había visto a una vieja amiga, que le había revuelto los pensamientos.
Lo que no sabía era que tres sombras, más altas que él, le esperaban al cruzar la esquina.
Sin mediar palabra, al cruzar la esquina uno de ellos le propinó un puñetazo en el estómago, que perdió gran parte de su fuerza al impactar contra sus manos, que estaban dentro de los bolsillos. Sacó las manos de los bolsillos y se puso en actitud defensiva. Rápidamente sus atacantes le rodearon. El chico soltó una patada al que tenía enfrente, que se apartó por los pelos permitiéndole salir del circulo. Sin embargo el de su derecha le agarró de la cazadora. Con un rápido movimiento bajo la cremallera y se sacó las mangas, empujando el resto hacía su agresor y aprovechando para arrearle un rodillazo a la altura de la entrepierna, que lo dejó fuera de combate temporalmente. El hombre, que no había entrado aún en acción, le cogió por la espalda y le empotró contra la pared. El chaval se impulsó con los pies contra la misma pared e hizo tropezar al hombre, que cayó al suelo. El chico se tiro encima preparando un puñetazo que iba dirigido a su cara pero el hombre le empujo con las piernas y le echó hacia delante mandándole hacía el asfalto. Rodó hasta que la niebla le tapó de vista al hombre. Salió de la carretera en la dirección contraria de la que había venido el ataque.
Poco a poco la niebla fue haciéndose más densa. El frío atenazaba su pecho, de su boca salían volutas de vaho. Escuchó un sonido de arrastre y se giró, justo a tiempo para ver como uno de los hombres saltaba en cima suyo, apresándolo. Los otros dos salieron entre la niebla acercándose a él, uno de ellos le agarró de los pies. El chico se revolvió y de su bolsillo interior cayo una varita metálica de forma cilíndrica que refulgía ligeramente.<¡Es un cazador!>-dijo uno de ellos mientras salía corriendo. Los otros dos le dejaron caer y siguieron al hombre. El chico se levantó y recogió la varilla que años antes le había regalado su primo Junli, a la vez que decía para sí <Si Carsil puede infringirlas, yo también...>
Una de vídeos motivadores
Tierra Santa-Mejor en pie morir
Tierra Santa- Indomable
Tierra santa -La Armada Invencible
Epílogo de CDS: Ciudad de sombra
Mentí, no era el último :P
Epílogo
< ¿Estás preparada?>- Le preguntó uno de los seis Hermanos Silenciosos que la rodeaban.
Después del funeral del Hermano Silencioso que le había salvado la vida y de acompañar a la Comandante en su corta recuperación, tuvo que decidir. Olvidar o recordar. Una gran decisión. La misma que empujó a Carsil y a Junli a ser Cazadores de Sombras, aunque claro sus padres ya decidieron en su momento que recordarían. Le costó mucho decidirse.
-Si, adelante.- respondió Liumpa. Los Hermanos se pudieron en círculo.
Se lo habían contado todo, absolutamente todo, ahora sabía la verdad, toda la historia. Un antiguo Nefilim ocultó en casa de Carsil la mitad de un poderoso objeto y en casa de Junli la otra mitad. Un gran grupo de demonios atacó a sus respectivas casas, pero por suerte los cazadores de la zona estaban avisados los protegieron pero sin embargo no pudieron impedir que supieran la verdad para salvarlos tenían que ponerse de acuerdo entre todos. Después de la lucha los padres decidieron convertirse en Cazadores de Sombras, para proteger las piezas que, sin embargo no se encontraron, por suerte para ellos pasaron las pruebas. Cuando los chavales cumplieron los ocho años la Clave envió un mensaje a sus respectivos padres pidiendo el ingreso de estos en la clave, para que en caso de que sus padres no estuviesen en casa ellos pudieran proteger las casas. Sus padres se opusieron al principio pero al final dieron permiso para que les adiestraran con la condición de que pudieran vivir en los dos mundos a la vez, cosa que la clave tras deliberar mucho aceptó. Registraron muchas veces las dos casas, pero sin embargo el radar solo podía indicar que estaban no donde, hasta que cuando los chicos ya tenían diez años el radar dejó de pitar. Tras un primer gran revuelo todo se calmo puesto que los demonios no daban muestras de haberlo encontrado y siendo un objeto de gran poder lo utilizarían sin pensarlo dos veces. Siendo ya inútil proteger la casa sus dueños pasaron al servicio normal de la Clave.
Le costó mucho decidirse, pero tras unas breves negociaciones Liumpa aceptó, lo que según el Inquisidor, el Jefe y la Comandante sería lo mejor.
Los Hermanos Silenciosos extendieron las manos penetrando en su mente, borrando uno a uno todos los recuerdos que le enlazaban con el mundo de las sombras: El Instituto, sus pasillos, la enfermería…; A el Jefe, al Inquisidor, a la Comandante, al jefe de los Hermanos Silenciosos, al guardaespaldas del Inquisidor; al Demonio Mayor, el cual el Hermano jefe logró vencer y mandar a su dimensión de origen; los dos últimos días, los más intensos, problemáticos y difíciles de su vida y que no iba a poder rememorar nunca más.
Nada más verla en la puerta del instituto sabía que esto acabaría así, sin embargo aún residía una ligera esperanza en su interior. Cuando Carsil escuchó como Liumpa aceptaba que le borrasen la memoria con la condición de que todo fuese igual al día en el que se quedó a dormir a su casa, que nada cambiase, nada, absolutamente nada, esa pequeña esperanza se desvaneció. Poco después preguntaron por el colgante, algo que Carsil esperaba que olvidasen, ella simplemente repitió: “Absolutamente nada”.
Y ahora, en el mismo instante que Carsil recordaba lo acontecido, Liumpa lo olvidaba.
El día antes de su “reunión” con los Hermanos Silenciosos, Junli pidió a Liumpa unos minutos para hablar de ellos, ella tras pensárselo accedió.
-Hola…-le dijo Junli tímidamente
-Hola, ¿Qué querías?- le respondió Liumpa.
-Mira, no creo que tengas razón de seguir enfadada conmigo ahora que sabes la razón por la que me ausentaba.
-Lo sé pero aun así, pienso en dentro de unos días cuando ya no recuerde nada de esto y piense que te estás viendo con otra.
-Sabes que yo nunca haría eso.-le reprochó con aire dolido
-Ya, pero aún así…
-Deja ya los “Aun así” Me estás poniendo nervioso, lo único que importa es que te quiero y con eso debería de ser suficiente.-le dijo Junli mientras se acercaba a ella.
-Dame una prueba de que nunca lo harías.- le pidió ella
-Te la daré-le susurro mientras la besaba.
Liumpa despertó en su cama. Le dijeron que lo haría, pero ella no se acordaba ni se acordaría. Esa mañana había quedado con Junli, y estaba muy enfadada con él. Últimamente faltaba mucho con escusas tontas y la última fue que tenía que estudiar, ese día fue a su casa y su madre le dijo que se había ido a dar una vuelta. Hoy quería dejarle claro que no iba aguantar más eso. Habían quedado en el antiguo Puente Romano.
Cuando Liumpa llegó Junli ya estaba allí, vestía una camiseta negra con unos vaqueros oscuros.
-¡Liumpa! ¿Qué tal todo?
-Bien, me gustaría hablar contigo.-le dijo muy seria.
-Espera, se de qué quieres hablarme. Siento no poder quedar muchos días pero tengo muchas cosas que hacer, pero te prometo que intentaré pasar más tiempo contigo. Se que no es demasiado, pero toma, para cuando me eches de menos.
Junli le entregó una pequeña piedra blanca con forma de corazón. En su interior latía vibrante una runa de confianza. Mientras Liumpa llevase esa pequeña muestra del amor de Junli, nunca dudaría de él.
-Gracias-nada más cogerla las dudas de Liumpa desaparecieron-¿quieres que vallamos a tomar algo?- le pregunto sonriente.
Carsil miró la caja roja que años atrás le regalo Liumpa, mientras la cogía una runa pintada hábilmente sobre la parte inferior brillo. La abrió y depositó en ella la ropa que minutos antes se había quitado y la estela que tenía a su lado. Todo volvería a ser como antes, en realidad nada sería como antes, recordar que Liumpa lo supo y lo olvidó y que por su culpa casi la matan… No, nada volvería a ser como antes.
Epílogo
< ¿Estás preparada?>- Le preguntó uno de los seis Hermanos Silenciosos que la rodeaban.
Después del funeral del Hermano Silencioso que le había salvado la vida y de acompañar a la Comandante en su corta recuperación, tuvo que decidir. Olvidar o recordar. Una gran decisión. La misma que empujó a Carsil y a Junli a ser Cazadores de Sombras, aunque claro sus padres ya decidieron en su momento que recordarían. Le costó mucho decidirse.
-Si, adelante.- respondió Liumpa. Los Hermanos se pudieron en círculo.
Se lo habían contado todo, absolutamente todo, ahora sabía la verdad, toda la historia. Un antiguo Nefilim ocultó en casa de Carsil la mitad de un poderoso objeto y en casa de Junli la otra mitad. Un gran grupo de demonios atacó a sus respectivas casas, pero por suerte los cazadores de la zona estaban avisados los protegieron pero sin embargo no pudieron impedir que supieran la verdad para salvarlos tenían que ponerse de acuerdo entre todos. Después de la lucha los padres decidieron convertirse en Cazadores de Sombras, para proteger las piezas que, sin embargo no se encontraron, por suerte para ellos pasaron las pruebas. Cuando los chavales cumplieron los ocho años la Clave envió un mensaje a sus respectivos padres pidiendo el ingreso de estos en la clave, para que en caso de que sus padres no estuviesen en casa ellos pudieran proteger las casas. Sus padres se opusieron al principio pero al final dieron permiso para que les adiestraran con la condición de que pudieran vivir en los dos mundos a la vez, cosa que la clave tras deliberar mucho aceptó. Registraron muchas veces las dos casas, pero sin embargo el radar solo podía indicar que estaban no donde, hasta que cuando los chicos ya tenían diez años el radar dejó de pitar. Tras un primer gran revuelo todo se calmo puesto que los demonios no daban muestras de haberlo encontrado y siendo un objeto de gran poder lo utilizarían sin pensarlo dos veces. Siendo ya inútil proteger la casa sus dueños pasaron al servicio normal de la Clave.
Le costó mucho decidirse, pero tras unas breves negociaciones Liumpa aceptó, lo que según el Inquisidor, el Jefe y la Comandante sería lo mejor.
Los Hermanos Silenciosos extendieron las manos penetrando en su mente, borrando uno a uno todos los recuerdos que le enlazaban con el mundo de las sombras: El Instituto, sus pasillos, la enfermería…; A el Jefe, al Inquisidor, a la Comandante, al jefe de los Hermanos Silenciosos, al guardaespaldas del Inquisidor; al Demonio Mayor, el cual el Hermano jefe logró vencer y mandar a su dimensión de origen; los dos últimos días, los más intensos, problemáticos y difíciles de su vida y que no iba a poder rememorar nunca más.
Nada más verla en la puerta del instituto sabía que esto acabaría así, sin embargo aún residía una ligera esperanza en su interior. Cuando Carsil escuchó como Liumpa aceptaba que le borrasen la memoria con la condición de que todo fuese igual al día en el que se quedó a dormir a su casa, que nada cambiase, nada, absolutamente nada, esa pequeña esperanza se desvaneció. Poco después preguntaron por el colgante, algo que Carsil esperaba que olvidasen, ella simplemente repitió: “Absolutamente nada”.
Y ahora, en el mismo instante que Carsil recordaba lo acontecido, Liumpa lo olvidaba.
El día antes de su “reunión” con los Hermanos Silenciosos, Junli pidió a Liumpa unos minutos para hablar de ellos, ella tras pensárselo accedió.
-Hola…-le dijo Junli tímidamente
-Hola, ¿Qué querías?- le respondió Liumpa.
-Mira, no creo que tengas razón de seguir enfadada conmigo ahora que sabes la razón por la que me ausentaba.
-Lo sé pero aun así, pienso en dentro de unos días cuando ya no recuerde nada de esto y piense que te estás viendo con otra.
-Sabes que yo nunca haría eso.-le reprochó con aire dolido
-Ya, pero aún así…
-Deja ya los “Aun así” Me estás poniendo nervioso, lo único que importa es que te quiero y con eso debería de ser suficiente.-le dijo Junli mientras se acercaba a ella.
-Dame una prueba de que nunca lo harías.- le pidió ella
-Te la daré-le susurro mientras la besaba.
Liumpa despertó en su cama. Le dijeron que lo haría, pero ella no se acordaba ni se acordaría. Esa mañana había quedado con Junli, y estaba muy enfadada con él. Últimamente faltaba mucho con escusas tontas y la última fue que tenía que estudiar, ese día fue a su casa y su madre le dijo que se había ido a dar una vuelta. Hoy quería dejarle claro que no iba aguantar más eso. Habían quedado en el antiguo Puente Romano.
Cuando Liumpa llegó Junli ya estaba allí, vestía una camiseta negra con unos vaqueros oscuros.
-¡Liumpa! ¿Qué tal todo?
-Bien, me gustaría hablar contigo.-le dijo muy seria.
-Espera, se de qué quieres hablarme. Siento no poder quedar muchos días pero tengo muchas cosas que hacer, pero te prometo que intentaré pasar más tiempo contigo. Se que no es demasiado, pero toma, para cuando me eches de menos.
Junli le entregó una pequeña piedra blanca con forma de corazón. En su interior latía vibrante una runa de confianza. Mientras Liumpa llevase esa pequeña muestra del amor de Junli, nunca dudaría de él.
-Gracias-nada más cogerla las dudas de Liumpa desaparecieron-¿quieres que vallamos a tomar algo?- le pregunto sonriente.
Carsil miró la caja roja que años atrás le regalo Liumpa, mientras la cogía una runa pintada hábilmente sobre la parte inferior brillo. La abrió y depositó en ella la ropa que minutos antes se había quitado y la estela que tenía a su lado. Todo volvería a ser como antes, en realidad nada sería como antes, recordar que Liumpa lo supo y lo olvidó y que por su culpa casi la matan… No, nada volvería a ser como antes.
¡Estamos de Fiesta! ¡Cumplimos un año!
Hoy hace exactamente 365 días, 18 horas, 18 minutos y 49,98 segundos que se creó este blog bajo el nombre de "La Estantería". Unas cuantas semanas después pasó a llamarse "El Arcón" y dos días más tarde se quedó con el nombre definitivo de "El Arcón de los Sueños".
Gracias ha nuestros 8 seguidores seguimos dando caña! Para ser seguidor hay que tener cuenta, pero para dejar comentarios no! Así que seguidores desconocidos ¡manifestaros!
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Último capitulo de CDS: Ciudad de sombras.
Capitulo 6-Luchando contra la sombra
El pasillo estaba oscuro, solo la luz azulada de las armas de los Nefilims permitían andar sin tropezara los tres miembros del G.1. Ionu, el jefe del escuadrón, iba el primero de todos. En una mano mantenía en tensión su cuchillo Seraphin y en la otra mano, manteniendola alzada y estirada, una pequeña piedra brillaba fugazmente.
-¿Que ha sido eso?-pregunto susurrando Randy
-Yo no he oído nada, no te imagines cosas.- le respondió Sare, ligeramente nerviosa.
-Callaos ya, chicos. Si el sensor no suena es que no hay demonios y punto.- dijo secamente Ionu.
- Tienes razón...- susurro Randy dándole la razón
-¡Yo también lo he escuchado!-les dijo Sare parándose en seco- era como un goteo y el arrastrar de algo...algo como viscoso.
-Pero esto no pita, debe ser otra cosa, el viento, al madera esas cosas ya sabéis.-les tranquilizó Ionu
Un par de pisadas se escucharon al final del pasillo, los nefilims tomaron posiciones. Ionu lanzó rodando su piedra de luz mágica por el suelo hasta que chocó contra la pared iluminando la esquina. Un siseo, los sacó de su inactividad, poco a poco una suave niebla les rodeó, Randy empezó a gritar, soltó los cuchillos seraphin y se llevó las dos manos a la cabeza mientras caía de rodillas. Tras un último grito desgarrador, cayó inerte al suelo con un golpe seco. Los dos restantes nefilims juntaron sus espaldas preparados para lo que pudiera venir.
-¡Quítamelo! ¡Quítamelo!-gritó Sare- ¡ah!
-¿Lo qué? si no tienes nada- Le preguntó extrañado.
Con un grito sordo cayó de espaldas mezclándose con la niebla.
-Mierda...
El último de los Nefilims miraba hacia todos los lados, escuchó de fondo un suave gruñido, un gran hocico salía desde una de las esquinas. Cuando salió del todo, se podía observar a un gran lobo negro. Ionu se lanzó hacia él, cuchillo en vilo. Se escuchó un golpe sordo, y la niebla se deshizo, Ionu respiraba fuertemente, tosió escupiendo sangre. La niebla volvió y el valiente Nefilim se retorció entre dolorosos gritos, cayó al suelo mientras la luz mágica de su piedra se extinguía.
***
El pasillo se iluminó con la suave luz azul de los cuchillos Seraphin de los siete Nephilims. Liumpa, el octavo miembro, iba entre los tensos miembros del grupo. Los tres guardaespaldas de El Inquisidor se colocaron dos delante de este, y uno detrás de todos. Carsil y Junli iban detrás de Liumpa, y el jefe delante, al lado de El Inquisidor. Avanzaban por los pasillos atentos a cualquier movimiento, de pronto el sensor de un de los guardaespaldas empezó a pitar suavemente. Todos, menos Liumpa que casi se chocó con Junli, se pararon en seco. Todos los Nefilims sabían que hacer. Todos estaban preparados para interceptar a cualquier demonio o cosa que intentara acercarse al grupo. Un ligero gruñido se escuchó, y después un sonido de succión. No se veía a más de tres pasos de donde estaban los Nefilims. El guardaespaldas del Inquisidor que cerraba la marcha vio moverse una sombra la cual él cría que era parte de la pared, pero antes de gritar para avisar a los demás la sombra se abalanzó hacia él. La repelió con un rápido movimiento de mano, clavó su cuchillo Seraphín por debajo de las costillas de un demonio de color verde muy oscuro, parecido a un murciélago, y lo empujó hacia atrás, haciendo que se chocase contra la pared y desapareciese en una nube de polvo. Cuando desapareció, miró fijamente a "El Inquisidor".
-Confirmada la llegada de demonios, señor- le dijo con cierto tono sarcástico.
-Tenemos que llegar rápido a la puerta, informa al G.1-le respondió El Inquisidor.
-Si, señor.
-Tranquila, con nosotros estás segura.-Le dijo Carsil a Liumpa para tranquilizarla.
-e..a... Lo se..-consiguió articular asustada.
-G.P. llamando a G.1, responda...-pasaban los segundos.-No responden -le dijo a El Inquisidor
- Probablemente estén muertos -era sorprendente la frialdad con la que lo decía.-es mejor que vayamos por la entrada principal, si ya no tenemos que encontrarlos… es el camino más corto.
Nada más terminar esa frase, todos los radares empezaron a pitar. Unos gruñidos acompañados del sonido de patas al rozar con el suelo demostraron la eficacia de los estos. Dos demonios con forma de perro saltaron sobre el guardaespaldas y la Comandante, que abrían la formación. El primero de los dos se zafó rápidamente de el y le clavó su cuchillo en las costillas, pero el segundo miraba su radar cuando le saltó encima. El demonio le tiró al suelo, rodando sobre si mismos llegaron a la pared, donde se chocaron soltándose. El demonio-perro se incorporó rápidamente y fue directo hacia el brazo de la Comandate pero con un movimiento seco, Carsil, lanzó su cuchillo clavándolo en el cuello del demonio que desapareció en una nube negra.
-Gracias...-susurró agradecida
-De nada -le respondió
Antes de que el Inquisidor volviese a preguntar por el G.1. los radares volvieron a pitar con más fuerza. Tres demonios Drevak aparecieron detrás del grupo. El Inquisidor, que cerraba la marcha, fue asaltado por dos de ellos. Consiguió lanzar a uno hacia una de las paredes, pero el otro le salto al brazo y le clavó sus largas espinas venenosas en el brazo.
Un grito y un movimiento después, el demonio Drevak estaba volviendo a su dimensión de origen. Pero aún quedaba el tercero, que se acercaba al segundo círculo de protección creado por Carsil y Junli. Este último saltó hacia él pero el demonio paso por debajo, saltando hacia Liumpa. Ella, se protegió la cara entre los brazos mientras el infeliz demonio moría calcinado por un rayo de luz roja que salió directamente de debajo de la camiseta de Liumpa, donde dejó un agujero a la altura del cuello. Miró sorprendida el colgante que a los diez años le había regalado Carsil y, que se veía a través del agujero dejado por el rayo.
-¡Funciona! Menos mal...-gritó Carsil acercándose a Liumpa.
-No hay tiempo para alegrarse, debemos llegar a la puerta cuanto antes. Y de ese colgante hablaremos después, está prohibido usar runas en mundanos.-les advirtió el Inquisidor.-Y probablemente sea muy poco fiable es imposible que funcione bien siempre, deberías quitártelo y dármelo.-Dijo el Inquisidor alargando la mano.
-No, creo que me lo quedaré. Si es de uso único ya no tiene ningún peligro.-le respondió agarrando el colgante en actitud protectora.
-Eso es imposible, los mundanos no podéis tener ese tipo de objetos.- insistió el Inquisidor
<Inquisidor, ¿ No tenía prisa?>- Se inmiscuyó el Hermano Silencioso. Carsil le dio las gracias mentalmente, por el mismo medio por el que se comunicaban ellos.
-Si, es cierto. Vámonos ya. –reconoció el Inquisidor
Siguieron avanzando mientras Liumpa interrogaba a Carsil sobre su colgante.
-¿Qué ha pasado?
-Tu colgante te ha protegido-le susurró Carsil.
-Si, eso ya lo he visto ¿Pero como?
-Es un colgante de protección.
-¿Suelen llevarlos los Cazadores de sombras?
-No, la verdad es que hay muy pocos, casi ninguno.
-¡¿Y me lo regalaste?! ¡Muchas gracias!
-¿Y no se gasta?
-Si, tarde o temprano su fuerza se acabará y empezará a utilizar la tuya, por eso es peligroso para los Nephilims, siempre estamos en peligro y nos quedaríamos sin energía si la batalla se alargase. Pero tranquila sin usarlo se recarga constantemente y sin utilizarlo durante cinco años tendrá reservas de sobra.
Ya estaban cerca de la puerta, cuando la Comandante empezó a gritar, mientras se agarraba el brazo y caía de rodillas al suelo.
-¡No! ¡No! ¡Mi brazo! ¡Socorro! ¡Me está absorbiendo!
-¿Qué? Pero si no tienes nada.-respondió anonadado el guardaespaldas
<Déjame pasar>-dijo el jefe de Los hermanos silenciosos
El Jefe de los Hermano Silenciosos fue lentamente hacia el guardaespaldas postrado en el suelo mientras el Nefilim se apartaba. Puso sus blancas manos encima de su cabeza mientras unas pocas de sus runas empezaban a brillar ligeramente. El guardaespaldas gritó y se deslizó fuera de su alcance.<Sujetadle>.Apto seguido Junli y la Comandante le sujetaron por los hombros mientras seguía gritando e intentaba soltarse. El Hermano repitió la operación, puso las manos en su cabeza y se quedó rígido mientras algunas de sus runas brillaban ligeramente. Su capucha tapaba enteramente su cara. El tiempo pasaba, el silencio solo era roto por los balbuceos del infeliz guardaespaldas. De repente, el guardaespaldas, dejó de balbucear y el Hermano Silencioso se separó de él.
<En marcha>-ordenó el Hermano
El Néphilim se levantó y empezó ha preguntar que había pasado a su compañero pero el Hermano le interrumpió pidiendo silencio.
<Es mejor que vayamos en silencio>
-¿Desde cuando das tú las órdenes?- se quejó el Inquisidor
<Desde que nos enfrentamos a un Demonio Mayor. Este ya no es tu terreno, Inquisidor>- le respondió
-¿Era eso lo que le pasaba? ¿Un Demonio Mayor? ¡¿Y donde está?!- preguntó girando en la mano una de sus armas.
<Fuera de tu alcance. Cuando sale de su dimensión y viene a la nuestra es uno de los pocos que no lo hace corporalmente sino psíquicamente. Se mete en la cabeza de las personas, se alimenta de sus mayores temores. He conseguido ahuyentarlo. Debemos irnos.>-les informó mientras se ajustaba la capucha
-Ya queda poco, por suerte.-dijo Carsil para tranquilizar a Liumpa
Bajaron por unas escaleras y giraron en un par de pasillos. La puerta estaba enfrente del grupo. La Comandante vio caer de rodillas con un grito sordo al guardaespaldas. El Hermano giró sorprendentemente rápido poniendo sus dos manos sobre la cabeza del guardaespaldas.
<Demasiado tarde>-dijo dejándole caer.
La Comandante cayó de igual forma al suelo pero sin embargo esta balbuceaba, cosa que indicó al Hermano silencioso que podría salvarla
-¿Pero que les pasa?-pregunto Liumpa alarmada.
<Es un Demonio Mayor, es incorpóreo, ataca metiéndose en tu mente, y convirtiéndose en tu mayor pesadilla. He sido entrenado duramente para este tipo de casos- les explicó mientras tranquilizaba a la Comandante- Yo lo venceré.>
-¿Tu?- preguntó sarcásticamente el Inquisidor
<Poneros detrás mío.-les dijo ignorando al Inquisidor.- Crearé una protección para que no pueda meterse en vuestra mente. Primero me meteré en vuestra cabeza, notareis una ligera presión y me oiréis hablaros. Relajaros.>
El Hermano se puso de rodillas y extendió los brazos, mientras todos, incluso el Inquisidor, se ponian de rodillas. Liumpa notó una ligera presión en la nuca, sus pensamientos se abrieron a los del Hermano y acto seguido apoyó las manos en el suelo para parar su caída. Algo estaba intentando entrar en su mente, y no era el Hermano Silencioso, de eso estaba segura ya que oía al Hermano gritar: <¡Atrás!¡No puedes pasar! Vuelve a tu dimensión, yo les protejo>. Liumpa abrió los ojos, hasta ahora no se había dado cuenta de que los tenía cerrados, y miró a su alrededor. Estaba todo oscuro. A lo lejos veía una luz que se acercaba rápidamente, en un momento estuvo frente a ella. A través de una especie de ventana podía observar a El Hermano Silencioso. Estaba rodeado de una niebla oscura que se mezclaba con el fondo, se encontraba en actitud defensiva, orando. De repente una sombra se materializó detrás de él. Liumpa gritó, chilló y bramó pero el Néfilim no la escuchaba. La sombra se volvió corpórea exactamente a sus espaldas, y justo, cuando una descomunal garra se acercaba a su cabeza se dio la vuelta y le golpeó con la palma abierta, en su recién formada cabeza, con gran fuerza, cosa que le hizo retroceder lo suficiente como para dar tiempo al Hermano a sacra su arma de entre las ropas. El demonio poco a poco aumentaba de tamaño. El Hermano bajó su capucha. Liumpa pudo ver sus cicatrices, sus labios cosidos y sus cuencas vacías. Sus ojos no existían solo había sombra. El Néfilim salto hacia atrás empuñando la guadaña con la que, con un rápido golpe, le cortó la cabeza. Mientras su grande cabeza caía al suelo el hermano habló a Liumpa.
<No tengas miedo, esto es solo una pesadilla un poco más real> Acto seguido le agarro las sienes con delicadeza.<Despierta>
-¡Estoy despierta!- le gritó con extrañeza.
<No, no lo estás. Eso es lo que a ti te parece, pero en realidad esto es solo una…> un balbuceo ocultó sus palabras. Una gran garra salía de su estómago
-Bajassste la guaaardia. Neeefilim.- gruñeron dos voces de ultratumba detrás de él. La antigua cabeza había sido sustituida por dos exactamente iguales. Sin mediar palabra con el demonio de dos cabezas, el hermano enarboló su guadaña y le cortó el brazo liberándose y sin soltar a Liumpa, le gritó <¡Despierta!> La visión de Liumpa empezó a emborronarse lo suficientemente despacio como para onservar como el Hermano lograba zafarse del demonio y acariciaba su guadaña prendiéndola en fuego. El demonio volvió aponerse a su altura y lanzó a una de sus cabezas contra él pero el Nefilim rápidamente hizo girar su guadaña volviendo a cortar el cuello de la criatura y quemando la piel a su paso, lo que hacía imposible la duplicación de la cabeza del demonio. Por desgracia, el Hermano no fue lo suficiente rápido como para esquivar la segunda cabeza del demonio, esta le mordió el cuello. Este, utilizando la poca fuerza que le quedaba, clavó, gritando, su guadaña ardiendo en las entrañas del demonio. Un grito del inframundo se unió al del hermano. Liumpa consiguió despertar.
-¡Liumpa! ¿Estás bien?-Preguntó Junli
- ¿Pero como va a estar bien? ¡Si le ha atacado un Demonio Mayor!-le respondió Cársil.
-Yo estoy perfectamente. ¿Y el Nefilim de la capucha? Estoy viva gracias a él.
-El Hermano Silencioso está…está muerto…Murió justo cuando despertaste.- Le informó el Jefe- Lo siento. ¿Qué ha pasado con el Demonio?
-Está muerto, lo mató el Hermano. ¿No se suponía que él nos protegía?
-Si, pero por desgracia el Demonio adivinó lo que pretendía hacer y se coló por sus defensas antes de terminar el ritual.- le explicó el Jefe- Nos lo dijo antes de protegernos, se metió en tu mente porque te protegió la primera.
-No hay tiempo para explicaciones, cuando antes nos vayamos mejor.-les reprendió el inquisidor
-¡Espérate! Liumpa tiene que recuperarse del ataque.- Dijo el Jefe de forma tajante, sorprendiendo a Liumpa.
-No, tiene razón. Además puedo seguir. Puedes explicármelo por el camino.
El Jefe un poco molesto asintió, se volvieron a poner en formación. Mientras, guardaespaldas cargaba con el cuerpo sin vida del Hermano Silencio y Carsil y Junli ayudaban a la Comandante a ponerse en pié. Liumpa susurro un “gracias” al Jefe cuando paso delante suyo, lo que le hizo suavizar la expresión. Siguieron el pasillo, al final de este se encontraba la puerta. Al atravesarla pudieron respirar tranquilos. A la puerta les esperaba el carruaje del Hermano Silencioso
Capitulo 6-Luchando contra la sombra
El pasillo estaba oscuro, solo la luz azulada de las armas de los Nefilims permitían andar sin tropezara los tres miembros del G.1. Ionu, el jefe del escuadrón, iba el primero de todos. En una mano mantenía en tensión su cuchillo Seraphin y en la otra mano, manteniendola alzada y estirada, una pequeña piedra brillaba fugazmente.
-¿Que ha sido eso?-pregunto susurrando Randy
-Yo no he oído nada, no te imagines cosas.- le respondió Sare, ligeramente nerviosa.
-Callaos ya, chicos. Si el sensor no suena es que no hay demonios y punto.- dijo secamente Ionu.
- Tienes razón...- susurro Randy dándole la razón
-¡Yo también lo he escuchado!-les dijo Sare parándose en seco- era como un goteo y el arrastrar de algo...algo como viscoso.
-Pero esto no pita, debe ser otra cosa, el viento, al madera esas cosas ya sabéis.-les tranquilizó Ionu
Un par de pisadas se escucharon al final del pasillo, los nefilims tomaron posiciones. Ionu lanzó rodando su piedra de luz mágica por el suelo hasta que chocó contra la pared iluminando la esquina. Un siseo, los sacó de su inactividad, poco a poco una suave niebla les rodeó, Randy empezó a gritar, soltó los cuchillos seraphin y se llevó las dos manos a la cabeza mientras caía de rodillas. Tras un último grito desgarrador, cayó inerte al suelo con un golpe seco. Los dos restantes nefilims juntaron sus espaldas preparados para lo que pudiera venir.
-¡Quítamelo! ¡Quítamelo!-gritó Sare- ¡ah!
-¿Lo qué? si no tienes nada- Le preguntó extrañado.
Con un grito sordo cayó de espaldas mezclándose con la niebla.
-Mierda...
El último de los Nefilims miraba hacia todos los lados, escuchó de fondo un suave gruñido, un gran hocico salía desde una de las esquinas. Cuando salió del todo, se podía observar a un gran lobo negro. Ionu se lanzó hacia él, cuchillo en vilo. Se escuchó un golpe sordo, y la niebla se deshizo, Ionu respiraba fuertemente, tosió escupiendo sangre. La niebla volvió y el valiente Nefilim se retorció entre dolorosos gritos, cayó al suelo mientras la luz mágica de su piedra se extinguía.
***
El pasillo se iluminó con la suave luz azul de los cuchillos Seraphin de los siete Nephilims. Liumpa, el octavo miembro, iba entre los tensos miembros del grupo. Los tres guardaespaldas de El Inquisidor se colocaron dos delante de este, y uno detrás de todos. Carsil y Junli iban detrás de Liumpa, y el jefe delante, al lado de El Inquisidor. Avanzaban por los pasillos atentos a cualquier movimiento, de pronto el sensor de un de los guardaespaldas empezó a pitar suavemente. Todos, menos Liumpa que casi se chocó con Junli, se pararon en seco. Todos los Nefilims sabían que hacer. Todos estaban preparados para interceptar a cualquier demonio o cosa que intentara acercarse al grupo. Un ligero gruñido se escuchó, y después un sonido de succión. No se veía a más de tres pasos de donde estaban los Nefilims. El guardaespaldas del Inquisidor que cerraba la marcha vio moverse una sombra la cual él cría que era parte de la pared, pero antes de gritar para avisar a los demás la sombra se abalanzó hacia él. La repelió con un rápido movimiento de mano, clavó su cuchillo Seraphín por debajo de las costillas de un demonio de color verde muy oscuro, parecido a un murciélago, y lo empujó hacia atrás, haciendo que se chocase contra la pared y desapareciese en una nube de polvo. Cuando desapareció, miró fijamente a "El Inquisidor".
-Confirmada la llegada de demonios, señor- le dijo con cierto tono sarcástico.
-Tenemos que llegar rápido a la puerta, informa al G.1-le respondió El Inquisidor.
-Si, señor.
-Tranquila, con nosotros estás segura.-Le dijo Carsil a Liumpa para tranquilizarla.
-e..a... Lo se..-consiguió articular asustada.
-G.P. llamando a G.1, responda...-pasaban los segundos.-No responden -le dijo a El Inquisidor
- Probablemente estén muertos -era sorprendente la frialdad con la que lo decía.-es mejor que vayamos por la entrada principal, si ya no tenemos que encontrarlos… es el camino más corto.
Nada más terminar esa frase, todos los radares empezaron a pitar. Unos gruñidos acompañados del sonido de patas al rozar con el suelo demostraron la eficacia de los estos. Dos demonios con forma de perro saltaron sobre el guardaespaldas y la Comandante, que abrían la formación. El primero de los dos se zafó rápidamente de el y le clavó su cuchillo en las costillas, pero el segundo miraba su radar cuando le saltó encima. El demonio le tiró al suelo, rodando sobre si mismos llegaron a la pared, donde se chocaron soltándose. El demonio-perro se incorporó rápidamente y fue directo hacia el brazo de la Comandate pero con un movimiento seco, Carsil, lanzó su cuchillo clavándolo en el cuello del demonio que desapareció en una nube negra.
-Gracias...-susurró agradecida
-De nada -le respondió
Antes de que el Inquisidor volviese a preguntar por el G.1. los radares volvieron a pitar con más fuerza. Tres demonios Drevak aparecieron detrás del grupo. El Inquisidor, que cerraba la marcha, fue asaltado por dos de ellos. Consiguió lanzar a uno hacia una de las paredes, pero el otro le salto al brazo y le clavó sus largas espinas venenosas en el brazo.
Un grito y un movimiento después, el demonio Drevak estaba volviendo a su dimensión de origen. Pero aún quedaba el tercero, que se acercaba al segundo círculo de protección creado por Carsil y Junli. Este último saltó hacia él pero el demonio paso por debajo, saltando hacia Liumpa. Ella, se protegió la cara entre los brazos mientras el infeliz demonio moría calcinado por un rayo de luz roja que salió directamente de debajo de la camiseta de Liumpa, donde dejó un agujero a la altura del cuello. Miró sorprendida el colgante que a los diez años le había regalado Carsil y, que se veía a través del agujero dejado por el rayo.
-¡Funciona! Menos mal...-gritó Carsil acercándose a Liumpa.
-No hay tiempo para alegrarse, debemos llegar a la puerta cuanto antes. Y de ese colgante hablaremos después, está prohibido usar runas en mundanos.-les advirtió el Inquisidor.-Y probablemente sea muy poco fiable es imposible que funcione bien siempre, deberías quitártelo y dármelo.-Dijo el Inquisidor alargando la mano.
-No, creo que me lo quedaré. Si es de uso único ya no tiene ningún peligro.-le respondió agarrando el colgante en actitud protectora.
-Eso es imposible, los mundanos no podéis tener ese tipo de objetos.- insistió el Inquisidor
<Inquisidor, ¿ No tenía prisa?>- Se inmiscuyó el Hermano Silencioso. Carsil le dio las gracias mentalmente, por el mismo medio por el que se comunicaban ellos.
-Si, es cierto. Vámonos ya. –reconoció el Inquisidor
Siguieron avanzando mientras Liumpa interrogaba a Carsil sobre su colgante.
-¿Qué ha pasado?
-Tu colgante te ha protegido-le susurró Carsil.
-Si, eso ya lo he visto ¿Pero como?
-Es un colgante de protección.
-¿Suelen llevarlos los Cazadores de sombras?
-No, la verdad es que hay muy pocos, casi ninguno.
-¡¿Y me lo regalaste?! ¡Muchas gracias!
-¿Y no se gasta?
-Si, tarde o temprano su fuerza se acabará y empezará a utilizar la tuya, por eso es peligroso para los Nephilims, siempre estamos en peligro y nos quedaríamos sin energía si la batalla se alargase. Pero tranquila sin usarlo se recarga constantemente y sin utilizarlo durante cinco años tendrá reservas de sobra.
Ya estaban cerca de la puerta, cuando la Comandante empezó a gritar, mientras se agarraba el brazo y caía de rodillas al suelo.
-¡No! ¡No! ¡Mi brazo! ¡Socorro! ¡Me está absorbiendo!
-¿Qué? Pero si no tienes nada.-respondió anonadado el guardaespaldas
<Déjame pasar>-dijo el jefe de Los hermanos silenciosos
El Jefe de los Hermano Silenciosos fue lentamente hacia el guardaespaldas postrado en el suelo mientras el Nefilim se apartaba. Puso sus blancas manos encima de su cabeza mientras unas pocas de sus runas empezaban a brillar ligeramente. El guardaespaldas gritó y se deslizó fuera de su alcance.<Sujetadle>.Apto seguido Junli y la Comandante le sujetaron por los hombros mientras seguía gritando e intentaba soltarse. El Hermano repitió la operación, puso las manos en su cabeza y se quedó rígido mientras algunas de sus runas brillaban ligeramente. Su capucha tapaba enteramente su cara. El tiempo pasaba, el silencio solo era roto por los balbuceos del infeliz guardaespaldas. De repente, el guardaespaldas, dejó de balbucear y el Hermano Silencioso se separó de él.
<En marcha>-ordenó el Hermano
El Néphilim se levantó y empezó ha preguntar que había pasado a su compañero pero el Hermano le interrumpió pidiendo silencio.
<Es mejor que vayamos en silencio>
-¿Desde cuando das tú las órdenes?- se quejó el Inquisidor
<Desde que nos enfrentamos a un Demonio Mayor. Este ya no es tu terreno, Inquisidor>- le respondió
-¿Era eso lo que le pasaba? ¿Un Demonio Mayor? ¡¿Y donde está?!- preguntó girando en la mano una de sus armas.
<Fuera de tu alcance. Cuando sale de su dimensión y viene a la nuestra es uno de los pocos que no lo hace corporalmente sino psíquicamente. Se mete en la cabeza de las personas, se alimenta de sus mayores temores. He conseguido ahuyentarlo. Debemos irnos.>-les informó mientras se ajustaba la capucha
-Ya queda poco, por suerte.-dijo Carsil para tranquilizar a Liumpa
Bajaron por unas escaleras y giraron en un par de pasillos. La puerta estaba enfrente del grupo. La Comandante vio caer de rodillas con un grito sordo al guardaespaldas. El Hermano giró sorprendentemente rápido poniendo sus dos manos sobre la cabeza del guardaespaldas.
<Demasiado tarde>-dijo dejándole caer.
La Comandante cayó de igual forma al suelo pero sin embargo esta balbuceaba, cosa que indicó al Hermano silencioso que podría salvarla
-¿Pero que les pasa?-pregunto Liumpa alarmada.
<Es un Demonio Mayor, es incorpóreo, ataca metiéndose en tu mente, y convirtiéndose en tu mayor pesadilla. He sido entrenado duramente para este tipo de casos- les explicó mientras tranquilizaba a la Comandante- Yo lo venceré.>
-¿Tu?- preguntó sarcásticamente el Inquisidor
<Poneros detrás mío.-les dijo ignorando al Inquisidor.- Crearé una protección para que no pueda meterse en vuestra mente. Primero me meteré en vuestra cabeza, notareis una ligera presión y me oiréis hablaros. Relajaros.>
El Hermano se puso de rodillas y extendió los brazos, mientras todos, incluso el Inquisidor, se ponian de rodillas. Liumpa notó una ligera presión en la nuca, sus pensamientos se abrieron a los del Hermano y acto seguido apoyó las manos en el suelo para parar su caída. Algo estaba intentando entrar en su mente, y no era el Hermano Silencioso, de eso estaba segura ya que oía al Hermano gritar: <¡Atrás!¡No puedes pasar! Vuelve a tu dimensión, yo les protejo>. Liumpa abrió los ojos, hasta ahora no se había dado cuenta de que los tenía cerrados, y miró a su alrededor. Estaba todo oscuro. A lo lejos veía una luz que se acercaba rápidamente, en un momento estuvo frente a ella. A través de una especie de ventana podía observar a El Hermano Silencioso. Estaba rodeado de una niebla oscura que se mezclaba con el fondo, se encontraba en actitud defensiva, orando. De repente una sombra se materializó detrás de él. Liumpa gritó, chilló y bramó pero el Néfilim no la escuchaba. La sombra se volvió corpórea exactamente a sus espaldas, y justo, cuando una descomunal garra se acercaba a su cabeza se dio la vuelta y le golpeó con la palma abierta, en su recién formada cabeza, con gran fuerza, cosa que le hizo retroceder lo suficiente como para dar tiempo al Hermano a sacra su arma de entre las ropas. El demonio poco a poco aumentaba de tamaño. El Hermano bajó su capucha. Liumpa pudo ver sus cicatrices, sus labios cosidos y sus cuencas vacías. Sus ojos no existían solo había sombra. El Néfilim salto hacia atrás empuñando la guadaña con la que, con un rápido golpe, le cortó la cabeza. Mientras su grande cabeza caía al suelo el hermano habló a Liumpa.
<No tengas miedo, esto es solo una pesadilla un poco más real> Acto seguido le agarro las sienes con delicadeza.<Despierta>
-¡Estoy despierta!- le gritó con extrañeza.
<No, no lo estás. Eso es lo que a ti te parece, pero en realidad esto es solo una…> un balbuceo ocultó sus palabras. Una gran garra salía de su estómago
-Bajassste la guaaardia. Neeefilim.- gruñeron dos voces de ultratumba detrás de él. La antigua cabeza había sido sustituida por dos exactamente iguales. Sin mediar palabra con el demonio de dos cabezas, el hermano enarboló su guadaña y le cortó el brazo liberándose y sin soltar a Liumpa, le gritó <¡Despierta!> La visión de Liumpa empezó a emborronarse lo suficientemente despacio como para onservar como el Hermano lograba zafarse del demonio y acariciaba su guadaña prendiéndola en fuego. El demonio volvió aponerse a su altura y lanzó a una de sus cabezas contra él pero el Nefilim rápidamente hizo girar su guadaña volviendo a cortar el cuello de la criatura y quemando la piel a su paso, lo que hacía imposible la duplicación de la cabeza del demonio. Por desgracia, el Hermano no fue lo suficiente rápido como para esquivar la segunda cabeza del demonio, esta le mordió el cuello. Este, utilizando la poca fuerza que le quedaba, clavó, gritando, su guadaña ardiendo en las entrañas del demonio. Un grito del inframundo se unió al del hermano. Liumpa consiguió despertar.
-¡Liumpa! ¿Estás bien?-Preguntó Junli
- ¿Pero como va a estar bien? ¡Si le ha atacado un Demonio Mayor!-le respondió Cársil.
-Yo estoy perfectamente. ¿Y el Nefilim de la capucha? Estoy viva gracias a él.
-El Hermano Silencioso está…está muerto…Murió justo cuando despertaste.- Le informó el Jefe- Lo siento. ¿Qué ha pasado con el Demonio?
-Está muerto, lo mató el Hermano. ¿No se suponía que él nos protegía?
-Si, pero por desgracia el Demonio adivinó lo que pretendía hacer y se coló por sus defensas antes de terminar el ritual.- le explicó el Jefe- Nos lo dijo antes de protegernos, se metió en tu mente porque te protegió la primera.
-No hay tiempo para explicaciones, cuando antes nos vayamos mejor.-les reprendió el inquisidor
-¡Espérate! Liumpa tiene que recuperarse del ataque.- Dijo el Jefe de forma tajante, sorprendiendo a Liumpa.
-No, tiene razón. Además puedo seguir. Puedes explicármelo por el camino.
El Jefe un poco molesto asintió, se volvieron a poner en formación. Mientras, guardaespaldas cargaba con el cuerpo sin vida del Hermano Silencio y Carsil y Junli ayudaban a la Comandante a ponerse en pié. Liumpa susurro un “gracias” al Jefe cuando paso delante suyo, lo que le hizo suavizar la expresión. Siguieron el pasillo, al final de este se encontraba la puerta. Al atravesarla pudieron respirar tranquilos. A la puerta les esperaba el carruaje del Hermano Silencioso
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